El te quiero más sincero que he oido, sin duda, es el de un niño. Su inocencia, su creatividad, su ilusión, su espontaniedad y su contagiosa felicidad. Ojalá siempre fueramos pequeños y pudiéramos adentrarnos tan facilmente en nuestros sueños haciéndolos realidad al instante. Ojalá nunca desapareciera esa magia que nos hace especiales, esa magia que hace que nos veamos capaces de todo y cuando digo todo es todo. Ese "¿porqué?" que nos caracteriza, esa curiosidad que con el paso del tiempo se va perdiendo ya que creemos saberlo todo, cuando no sabemos nada. Ese cariño que transmitimos sin esperar nada a cambio, esas sonrisas y esa actitud de "me voy a comer el mundo" "soy capaz de todo", esa seguridad y fuerza. Yo de mayor quiero ser pequeño.